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domingo, 8 de febrero de 2009

Semana 2. Jacuzzi.

- Rafa, ¿cuánto tiempo llevas en la bici?

- Pues algo más de media hora. Todavía me queda otra media para terminar aquí y luego iré un rato a la piscina para hacer unos largos.

- Vale, ve a buscarme al jacuzzi cuando acabes, voy a la piscina ahora y luego me meteré un rato con las burbujas para relajarme, por hoy creo que ya es suficiente ejercicio.

Rafa y yo pasamos muchas tardes en el gimnasio. Nos gusta estar en plena forma para no quedarnos oxidados. Además, no me gustaría tener la barriguita que tiene mi padre, la verdad. Espero que no haya heredado esos genes de él, porque si no, entre la barriga y falta de pelo que suele haber en la mayoría de los miembros masculinos de mi familia, voy “apañao”. Por eso hago deporte casi a diario. Respecto a lo de la calvicie, parece que soy uno de los pocos a los que no le ha llegado la hora… y espero que no me llegue nunca.

Últimamente mi ritmo de vida ha sido bastante intenso. Con esto de no tener que trabajar tengo bastante tiempo para el ocio. Soy un aficionado de los deportes de riesgo. He saltado varias veces en paracaídas, he hecho puenting, y practicado alguno que otro más, pero sin duda, una de las cosas que más me gusta es la escalada y para ello hay que estar a punto. Aunque hacer este tipo de actividades no es algo que se pueda compaginar demasiado bien con mi afición a las salidas nocturnas puesto que suelo estar cansado durante el día y paso la mayor parte de éste durmiendo.

- Ah… ¡Qué bien sientan estas burbujas! – dice Pedro, un viejecito que casi siempre estaba ahí sentado con los pies en remojo-.

- Lleva usted razón Pedro, viene bien después de hacer deporte para relajarse un poco. Por cierto, ¿cómo está su mujer? – La pobre había sido ingresada en una residencia, había perdido el conocimiento tras sufrir un infarto y nunca volvió a abrir los ojos aunque seguía con vida. Lo mejor que pudieron hacer fue llevarla a un sitio especializado para que recibiese los cuidados precisos en cada momento-.

- Pues tirando hijo, tirando. Los médicos dicen que no mejora, pero qué le vamos a hacer, lleva ya así unos meses y parece que es irreversible. Ahora lo que me queda es disfrutar de mis hijos y de mis nietos, y rezar al altísimo para que haga un milagro. Por eso vengo aquí todas las tardes, para despejarme un poco la cabeza y pensar en otras cosas.

- Bueno hombre, ya verá como mejora la cosa y dentro de unos meses está disfrutando de la familia junto a ella.

- A ver si te escucha “el de arriba” y hace algo para que cambie la cosa.

Dios y yo nunca nos hemos llevado demasiado bien, quizá fuera porque en el colegio me metían mucha caña con el tema y cuando me vine a Tortuosa quise dejarlo todo atrás. Pero respeto las creencias de todo el mundo siempre que no hagan daño a los demás, ya que algunas personas, como Pedro, necesitan aferrarse a algo divino para no perder la esperanza.

- Leo, ya he terminado, ¿nos duchamos y nos vamos?

- Ah, hola Rafa. Claro, vámonos ya que me estoy arrugando. Hasta luego Pedro, espero que le vaya bien.

- Gracias hijo, cuídate tú también y disfruta de la juventud.

Después de la ducha caliente, salimos del edificio Rock&Gym. Un nombre que nada tiene que ver con el Rock&Roll. Se llama así por el rocódromo que tiene dentro. Es un edificio inmenso con unas instalaciones increíbles para cualquier tipo de deporte. Tiene una bolera, pistas de pádel, tenis, fútbol, baloncesto, etc. Y también zonas para la relajación, como saunas, jacuzzis y todo lo que un balneario de cinco estrellas puede tener. Eso sí, no sale nada barato.

Llevo a Rafa a su casa para que no se moje. Ambos tenemos coche, pero nos gusta cuidar el medio ambiente y por eso nos turnamos en usarlo cuando el tiempo no acompaña, para no contaminar demasiado.

- Bueno chaval, nos vemos mañana… o esta noche si te pasas por el Star, te invitaré a unas copas aunque tú seas el dueño.

- Ja ja, qué gracioso eres Rafa. Luego nos vemos.

Conduzco hacia casa con el volumen de la música al máximo. Mi casa y la de Rafa se encuentran en puntas opuestas de Tortuosa, así que me espera un pequeño viajecito por la autovía que bordea la ciudad para no tener que aguantar las colas que se forman a esta hora. Además hoy con la lluvia, todo el mundo habrá sacado el coche de paseo para no quedarse encerrado en casa, así que el tráfico en el centro tiene que ser una locura.

Cuando estoy frente a la puerta principal veo que la luz del salón está encendida, vaya despiste, toda la tarde chupando energía para nada. Saco la llave para abrir la puerta pero en ese mismo instante veo pasar una sombra por la rendija de la puerta y ésta se abre…



- ¡¿Mamá?!

miércoles, 28 de enero de 2009

Semana 1. Día gris.

Otra vez me encuentro sentado en la misma mesa de siempre. Otra mañana ahogando las penas en la cafetería del centro después de una pelea telefónica.

Es difícil mantener una relación a distancia cuando no confías en tu pareja y cuando tu pareja no confía en ti. Siempre tuvimos una buena relación, hasta que se marchó de Tortuosa para probar suerte en el extranjero. Desde entonces lo nuestro pende de un hilo y acabamos discutiendo por cualquier cosa. No me gusta ser pesimista, pero creo que la cosa no llegará a buen puerto…

Siempre pensé que las relaciones serias no estaban hechas para mí. Desde que “escapé” del yugo de mi padre no me ha gustado atarme a nada serio para no tener que darle explicaciones a nadie y, para qué nos vamos a engañar, siempre me ha gustado picotear un poco de aquí y un poco de allá. Pero con Carol fue diferente. Creo que su simpatía me hipnotizó e hizo que cambiase mi forma de pensar. A simple vista no era nada del otro mundo, como se suele decir, era una chica del montón, pero su mirada era como el canto de una sirena al que no puedes ignorar.

Llevo ya un par de horas aquí mirando las telarañas, prácticamente sin probar bocado, inmóvil y sin hablar con nadie, hundido en mis pensamientos melancólicos recordando mejores tiempos. Creo que ya es hora de pagar e irse a descansar un poco, ¡hay que estar fresco para esta noche! Todavía quedan muchas cosas que organizar y aun hay que pasar por la imprenta para recoger las inscripciones.

Pago con 10€ el café y la tostada a medio comer y dejo lo que sobra para el que me atienda. Me encanta ver la sonrisa de los camareros cuando reciben una propinilla extra y hacen sonar la campanita del bote. Paraguas en mano atravieso la puerta principal del Arthurs y escucho una dulce melodía. Tras la esquina, un hombre calvo y desaliñado sentado en unas escaleras toca un blues con un saxo. Una melodía cautivadora que expresa completamente lo que siento. No era la primera vez que veía a aquel tipo. Solía estar tocando por ahí, esperando a que alguien le echase “la voluntad”. Quizá sea lo que busque para el concierto… pero ahora mismo no tengo las inscripciones y, la verdad, no estoy de humor para pararme a charlar con un desconocido. Le haré feliz tirando unas moneditas en la funda de su instrumento y, si le interesa, ya vendrá a verme cuando vea los carteles.

Camino de casa, saco mi PDA del bolsillo (sinceramente creo que de tantas cosas que tengo en la cabeza no sabría organizarme la vida sin este aparatito) y llamo a Rafa, el encargado de mi negocio, mi mano derecha en el trabajo y mi mejor amigo desde que llegué aquí, resumiendo, una persona en quien puedo confiar plenamente. Le llamo para preguntarle cómo ha ido la noche y para contarle mis nuevas batallitas con Carol. Él siempre me ha escuchado y ayudado cuando he tenido cualquier problema. Al parecer la noche fue bastante buena, hicimos una buena caja y no hubo ningún incidente fuera de lo normal.

Nos conocimos cuando llevaba un mes en Tortuosa, por aquellos entonces todavía no tenía nada montado aquí y vivía del dinero que me mandaba mi padre que, aunque distante y con bastante mano dura, siempre se ha preocupado de que no me faltase nada material. Rafa y yo coincidimos durante una de mis continuas salidas nocturnas en un pub. Él salía con una amiga de Carol, y fue entonces cuando les conocí. Juntos montamos un pequeño grupo de música, él es un experto en la percusión y yo me defiendo con la guitarra y con la voz. Desde que lo dejó con su novia no le he vuelto a escuchar tocar una nota.

Cuando me doy cuenta estoy en la puerta de mi casa. Me despido de Rafa, me quito los zapatos y escurro el paraguas para no llenar toda la casa de charcos, que bastantes he pisado cuando iba hablando por teléfono, y además el agua no le sienta nada bien a la madera del suelo. Ya está bien por hoy, es hora de comer y luego a la cama. Esta noche será un nuevo “día”…

miércoles, 21 de enero de 2009

Semana 0. Presentación.

Vengo de una familia de la antigua nobleza y quizá por ello podéis pensar que he tenido una buena vida, plena en todos los aspectos. Os equivocáis.

Desde muy pequeño me acostumbré a una vida solitaria, sin el cariño que una familia puede dar. Mi padre, viajando constantemente de un lado para otro, de país en país, de empresa en empresa... supongo que es lo que un alto ejecutivo suele hacer. Y mi madre... quizá os hable de ella en otro momento.

No tengo hermanos y pasé mi infancia en un colegio de pijos, rodeado del tipo de persona en el que mi padre quería que me convirtiera. Estaba harto de ese tipo de vida, así que en cuanto fui lo suficientemente mayor y tuve la oportunidad, me largué de casa en busca de nuevas experiencias.

Ahora he montado una discoteca en Tortuosa que hace que no tenga que preocuparme por el dinero. De moda en la ciudad, se mantiene sola y genera unos ingresos que más de uno quisiera. Desde que estoy aquí soy una persona que vive en la noche...